Fidel Morales Vega, mi viejo
Cuando pienso en papi, inevitablemente sonrío. En casa las mujeres nos regañaban por jugar de manos como si tuviéramos la misma edad.
Yo fui de la generación de los bendecidos, que recibió como regalo de su padre los libros “La edad de oro” y “El pequeño príncipe”.
Recuerdo que a él le gustaba mucho llevarme al zoológico, para que nos riéramos con los monos, ya sabes.
Papi y su familia discutían muuucho de política los domingos en casa de abuela Lupita. Ellos eran del ala realmente izquierda de Cuba, antes de Fidel, de los que se formaron en las factorías, desde la época de la guerra de independencia con José Martí.
Siempre me sorprendió la capacidad de superación de papi. Estudió muchas cosas y sabía de todo, de medicina, periodismo, teatro, música, guiones, historietas, caricaturas, de cine europeo.
Cuando murió creo que recién había terminado su tercera carrera en la Universidad, en Historia del arte.
Me enseñó mucho sobre mi identidad, me habló de muchas cosas, de la autoestima, del orgullo de ser cubano, de ser mulato, de la importancia de ser honesto en lo que haces y, sobre todo, de ser honesto contigo mismo, no toleraba el abuso ni las injusticias. Tuve la suerte de ver cómo era altamente respetado en su trabajo en la Revista Cuba.
Al principio, él estuvo integrado al proceso, al extremo de ser capaz de dar su vida cuando Girón (aunque por suerte no movilizaron a su brigada), pero después se decepcionó mucho del oportunismo de los líderes de la cúpula y un día, cuando ya yo era adolescente, me lo comentó.
A papi le gustaba mucho cantar y especialmente recuerdo que le gustaban las canciones de un compositor cubano que se llamó Orlando de la Rosa. Me las enseñó para que las cantáramos a dúo, “Vieja Luna” era una de ellas. Siempre cantábamos acostados en el piso.
Cuando vino de su viaje a la extinta Union Soviética me dijo: “.. ya me puedo morir”. Parece que le gustó mucho aquello. Nadie, ni siquiera él, sospecharía que todo aquello desaparecería.
Papi murió joven pero dejó su obra, aún en Cuba se celebra un concurso que lleva su nombre.
Historieta Recuerdos de Chamaco, guión de Fidel Morales Vega
En el día de los padres, le dedico estas memorias a mis hermanos menores Amílcar y Mitlen Morales, quienes no pudieron disfrutarlo tanto como yo.
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Sabemos lo extraordinario que fue nuestro padre, aunque no lo conocimos, siempre se nos ha hablado de él y de su vida y hemos crecido sintiéndonos orgullosos de ser sus hijos, veo en mi hijo los genes que sé heredé de mi padre y me siento tranquilo porque sé que al igual que conmigo, esos genes le servirán para abrirse paso en la vida. Un abrazo Fide, otro para mi hermanita y uno muy grande para donde quiera que estés papá.